Del cable al
campo acústico.
Un archivo de electrónica, firmware, interfaces y síntesis. Once capítulos sobre cómo una colección de pruebas terminó definiendo una familia de instrumentos.
Energía antes que música
Finales de 2025
La primera decisión no suena
Antes de escribir un secuenciador o dibujar un pad había una pregunta menos vistosa: ¿cómo alimentar una máquina formada por varias inteligencias sin convertir el audio en ruido?


Las primeras fotografías muestran una investigación deliberadamente física: batería, reguladores, pinzas, voltímetro y módulos todavía sin una caja definitiva. El objetivo no era montar una fuente bonita, sino conocer el comportamiento real del sistema cuando pantalla, microcontroladores, almacenamiento y audio empiezan a pedir corriente al mismo tiempo.
Ese trabajo fija una disciplina que continuará durante todo el proyecto: medir antes de simplificar. Una caída de tensión, una masa mal resuelta o un pico al encender la pantalla pueden parecer errores de firmware. Separar el problema eléctrico del lógico evita construir software para compensar un fallo que vive en el cableado.
El tiempo compartido
Invierno 2025/26
El secuenciador encuentra un pulso
Una caja de ritmos distribuida solo existe si todas sus partes están de acuerdo sobre el mismo instante.


Las primeras interfaces ya contienen la semilla del instrumento: BPM, dieciséis pasos, selección de voz, mute y volumen. Al principio son pantallas de prueba conectadas a placas distintas. Lo importante no es todavía la estética; es comprobar que un cambio en un lugar aparece en los demás sin perder el compás.
Aquí nace la arquitectura maestro/esclavo. Un nodo conserva el estado musical y marca el tiempo; las demás superficies observan, representan y modifican ese estado. La palabra “slave”, visible en las primeras carcasas, describe una responsabilidad técnica: obedecer al reloj, no duplicar la verdad y recuperarse cuando el enlace vuelve.
El secuenciador radial fue una exploración útil. Ver los dieciséis pasos como rayos alrededor de una voz convertía el patrón en una forma. Más adelante esa intuición visual reaparecerá, transformada, en el lenguaje de RayDrone.
De placas a sistema
Enero de 2026
Distribuir para especializar
Cuando una placa intenta secuenciar, dibujar, servir una web y procesar audio a la vez, cada nueva función compite con el tiempo real.


La mesa de trabajo empieza a llenarse de candidatos: ESP32, pantallas, displays auxiliares, SD, encoders y placas de expansión. No es acumulación accidental. Cada combinación permite descubrir qué responsabilidad debe vivir en cada procesador y qué información necesita cruzar el bus.
RED808 termina separando tres mundos. El ESP32-S3 actúa como cerebro musical y secuenciador. El ESP32-P4 se ocupa de una interfaz gráfica más ambiciosa. Daisy Seed queda reservado para el DSP, donde cada microsegundo importa. Esta división permite que la pantalla se anime sin introducir un clic y que el audio siga funcionando aunque una vista tarde más en dibujarse.
Distribuir también obliga a diseñar lo incómodo: paquetes incompletos, reconexión, estados obsoletos y diagnóstico. La robustez no aparece al final; se convierte en parte del protocolo desde que hay más de una placa.
El camino de la señal
Enero de 2026
El audio merece su propio territorio
El sonido en tiempo real no admite pausas de interfaz, recolección de memoria ni esperas de red.


Los módulos I²S, conectores de línea y pequeñas placas de conversión representan una fase esencial: construir un camino de audio que pueda probarse por separado. Entrada, salida, reloj, formato de muestra y niveles deben quedar definidos antes de añadir capas de síntesis o efectos.
La decisión de reservar Daisy Seed para DSP nace de esa exigencia. El STM32H750 ofrece un entorno apropiado para procesar bloques de audio con latencia constante, mientras el P4 puede concentrarse en LVGL, visualización y control. No se trata únicamente de potencia bruta; se trata de evitar interferencias entre tareas con ritmos incompatibles.
Esta frontera se mantendrá en Aura: la experiencia puede cambiar, la pantalla puede crecer y el algoritmo puede evolucionar, pero el contrato del audio debe seguir siendo predecible.
La máquina se explica
Primer trimestre de 2026
Color, jerarquía y estados legibles
La interfaz deja de ser una ventana de diagnóstico cuando permite actuar sin traducir mentalmente cada parámetro.


La evolución visual es visible en el archivo: de botones funcionales y pequeños displays se pasa a una superficie donde cada voz tiene identidad, el transporte ocupa una zona estable y las funciones secundarias no compiten con los pads. El color agrupa, confirma y anticipa; no se usa como simple decoración.
Cada iteración reduce distancia entre intención y resultado. Tocar un pad, cambiar patrón, abrir el mixer o entrar en FX debe ser posible sin recorrer una jerarquía profunda. La pantalla táctil se diseña como panel de instrumento: objetivos grandes, feedback inmediato y suficiente información para no perder el contexto musical.
Las versiones fotografiadas conservan errores, reflejos y cables. Precisamente por eso importan: muestran que la interfaz no nació como un mockup aislado, sino tocándose sobre el hardware real y adaptándose a sus límites.
Señal como estructura
Primer trimestre de 2026
Del mixer al grafo de efectos
Cuando dieciséis voces comparten efectos, la ruta importa tanto como el valor de cada control.


El experimento de grafo convierte la cadena de señal en un objeto visible. Las voces convergen en un bitcrusher, atraviesan distorsión y delay, y terminan en la salida maestra. Esta representación hace explícito algo que un panel de potenciómetros puede ocultar: el orden de los procesos cambia el resultado.
La idea del grafo no sustituye a la vista rápida de interpretación. Sirve como laboratorio para pensar ruteo, buses auxiliares y combinaciones de efectos. A partir de ahí aparece FX Lab: una superficie más directa donde flange, delay, reverb, fold, crush y phaser pueden activarse y regularse sin abandonar el instrumento.
Este movimiento entre representación técnica y control performativo se repite en todo el proyecto. Primero se entiende el sistema; después se diseña el gesto mínimo para gobernarlo.
Una segunda superficie
Primavera de 2026
El navegador entra en el instrumento
La web no se añade como panel de administración: se convierte en otra manera de tocar la misma máquina.


El ESP32 crea su propia red y sirve una interfaz accesible desde ordenador, tableta o teléfono. La misma arquitectura de estado que sincroniza las placas permite que el navegador observe el patrón, dispare voces y modifique parámetros. El instrumento deja de estar atado a una única pantalla física.
La vista de dieciséis canales ofrece live pads, secuenciador, volúmenes, FX, MIDI, SD, información y melodía. En otra iteración, una matriz organiza escenas completas —fill, variación, drums, bass, synth, build y drop— para pensar la interpretación a una escala superior al paso individual.
Trabajar con una UI web también acelera el diseño. Las ideas se prueban en una pantalla grande, pasan a una tableta y finalmente se condensan en el P4. El navegador funciona como banco de pruebas y como superficie remota real.
Más allá del panel
Primavera de 2026
Probar el gesto antes de necesitarlo
No todas las ramas de investigación tienen que convertirse en producto para cambiar la forma de pensar el instrumento.


Una de las imágenes más reveladoras muestra una interfaz experimental de visión: la cámara reconoce la mano y superpone sus articulaciones mientras cuatro zonas flotantes proponen control sobre sonido, patrón y efectos. Es una prueba lateral, pero formula una pregunta importante: ¿qué ocurre cuando el cuerpo deja de tocar una superficie y empieza a modular el espacio frente a ella?
El experimento no reemplaza los pads. Investiga continuidad. Un botón es binario; una mano en movimiento produce distancia, velocidad, apertura y trayectoria. Esas magnitudes encajan mejor con parámetros como dispersión, densidad, morphing o espacio que con la simple selección de un paso.
La rama gestual anticipa el vocabulario de Aura y RayDrone: menos navegación, más relación directa entre movimiento y campo sonoro.
Del test a la sesión
Primavera–verano de 2026
La caja desaparece y queda el gesto
El punto de inflexión llega cuando se deja de comprobar si las piezas funcionan y se empieza a tocar durante horas.


La iluminación, los encoders y las pantallas ya no son componentes dispersos: forman una escena coherente. Los pads responden, el secuenciador avanza, el mixer conserva el contexto y los anillos LED devuelven estado sin exigir mirar un número. El prototipo se vuelve legible incluso en una habitación oscura.
Ese cambio revela problemas que una prueba corta nunca encuentra: fatiga de navegación, controles demasiado pequeños, estados ambiguos, latencias que solo molestan al repetir un gesto y reconexiones que ocurren después de mucho tiempo. Tocar es una forma de test más exigente que cualquier demo.
RED808 se consolida así como laboratorio de arquitectura instrumental. No es solamente el proyecto anterior a RayDrone; es el lugar donde se aprende qué debe permanecer estable cuando software, hardware y músico comparten tiempo real.
Cambio de pregunta
Verano de 2026
Del ritmo al trazado acústico
Después de construir una máquina que organiza eventos, la investigación cambia de escala: ¿puede un sonido emerger de caminos, como una imagen emerge de rayos?


La referencia a los primeros libros de ray tracing no es nostalgia ornamental. Recupera una manera de pensar computación gráfica donde una escena, sus materiales y la propagación de energía producen el píxel final. RayDrone traslada esa estructura conceptual al buffer de audio.
En lugar de escribir una forma de onda terminada, el motor lanza recorridos sobre material sonoro capturado. Cada trayectoria acumula, dispersa y converge. El drone aparece como resultado estadístico de muchos caminos, no como reproducción de un único oscilador. Material, carácter, movimiento y espacio se convierten en controles perceptivos de ese campo.
La primera encarnación vive en Rust y WebAssembly. Ejecutar el DSP localmente con AudioWorklet permite separar la investigación del hardware, medir el algoritmo y compartir un experimento reproducible. RayDrone se define así como núcleo, implementación y paper; ya no como una caja concreta.
El algoritmo vuelve al cuerpo
Ahora
Aura: RayDrone + P4
Después de separar el algoritmo del dispositivo, el siguiente paso es diseñar el instrumento que realmente necesita.


Aura toma RayDrone como motor acústico y el ESP32-P4 como centro de la experiencia física. No es un cambio de nombre para el prototipo anterior. Es una frontera de producto: RayDrone define cómo emerge el sonido; Aura define cómo se captura, se moldea y se interpreta desde una unidad autónoma.
La telemetría deja claro por qué esta separación importa. CPU, memoria libre del P4, latencia con Daisy, frecuencia de paquetes y errores del bus se observan en tiempo real. Afinar un instrumento distribuido exige saber si un fallo nace en el algoritmo, en la interfaz, en la comunicación o en el camino de audio.
La experiencia acumulada con RED808 permite que Aura no empiece desde cero. Hereda protocolos, disciplina de medición, diseño táctil y la idea de múltiples superficies; descarta lo que pertenecía específicamente a una caja de ritmos y concentra la interfaz alrededor del campo acústico.
12 · Próximamente
Celestial Field
La siguiente investigación no es una versión de Aura. Es un instrumento FPGA independiente basado en un banco masivo de resonadores y parciales.
La FPGA cambia la relación con el paralelismo. En lugar de repartir voces en el tiempo sobre un único procesador, permite imaginar muchos resonadores evolucionando simultáneamente como estructura física digital.
Celestial Field recogerá una lección de todo el recorrido: separar con claridad algoritmo, arquitectura e interfaz. El objetivo no es aumentar el número de parámetros, sino hacer audible un campo armónico que no sería práctico con la misma aproximación secuencial.